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Origen del vino
El vino ha sido desde tiempos inmemoriales el inseparable compañero del ser humano desde que se originó, una fecha que no está del todo clarificada. Lo que sí es cierto es que se remonta al viejo testamento, allá por el siglo XV a. C., tras la aparición del libro sagrado del Genesis 9:20, ya que en ese capítulo Noé hace una pequeña mención en torno al vino.

Los griegos, por su parte, sitúan el nacimiento del vino en alguna parte del mediterráneo, donde Dioniso o Baco, dios de la mitología griega conocido comúnmente como “el dios del vino”, dio paso a su invención. Según la arqueóloga italiana Maria Rosaria Belgiorno, el primer país del mediterráneo donde se hizo vino podría ser Chipre, pues allí se produjo el hallazgo de ánforas o restos de ácido tartárico con más de 5000 años de antigüedad.
 
Sea como sea, será en el período prehistórico del neolítico, cuando en torno al año 5400 a. C se hallen igualmente restos arqueológicos en el poblado de Ajji Firuz Tepe, un asentamiento en los Montes Zagros de Irán al noroeste del valle de Solduz. Allí encontrarán bastantes recipientes de alfarería, entre ellos, una vasija de la que se extrajo un residuo rojizo que se presume pudiera tratarse del producto de la vid.
 
Después del hallazgo, el vino se iría extendiendo por Occidente, llegando a Anatolia y Grecia, llegando hasta Egipto. El libro más antigüo que se conoce sobre el cuidado de la viña, la cosecha y el prensado de la uva es Los trabajos y los días , de Hesíodo, que data del siglo VIII a. C.

En la Grecia antigua, ya existía cultura del vino y tomarlo era todo un ritual. Estaba muy mal visto el vino tomado sin mezcla, ya que éste debía tomarse mezclado con agua. Teócrito, poeta griego fundador de la poesía bucólica o pastoril, decía que sólo un vino podía ser venerable cuando cumplía los 4 años de edad. Entonces se guardaba en toneles, recipientes que se fabricaban con piel de cabra y ánforas impermeables con aceites y trapos engrasados, así que el vino estaba en contacto con el aire todo el tiempo.
 
Más tarde, los romanos, y en concreto, Julio César, que era gran amante del vino y lo introdujo por todo el mundo romano, desarrollarían mejores modos de conservación del producto, aunque la maduración completa del vino no llegaría hasta la introducción de la botella de corcho, ya a finales del siglo XVII.
 
Siendo así, los lugares más óptimos para la producción del vino serían aquellos cuyo clima fuera propicio para el cultivo de la uva. España, África del Norte, Gaul, Inglaterra e Illyria. En principio, el uso del vino era meramente religioso, empleado en la Sagrada Comunión. No hay más que recordar la última cena de Jesús, en la que éste ofrece una copa de vino como símbolo de su sangre a sus discípulos. Después comenzó a considerarse como un producto asociado al lujo, la alta sociedad occidental y rara era la ceremonia en la que no hubiese un vino presidiendo la mesa. Algo que sigue siendo así en la cultura actual.

Después, gracias al esfuerzo de los monjes, comenzaron a aparecer las bodegas, y aunque los viñedos más importantes se le atribuyeron a Carlomagno, no será hasta el siglo XII cuando estas plantaciones encuentren su hueco de mercado, ya que la falta de herramientas o utensilios para transportar mercaderías era evidente y dificultaba el acceso a distintas regiones.
 
Así pues, la mayoría de los vinos que sobrevivieron serían los que se encontraban a orillas del río. Tal es el caso de las viñas alemanas y francesas junto al Rhin, al Garona o al Loira. Otros que se producirían serían las variedades del vino portugués Madeira en la zona griega controlada por Venecia.
 
Pero fue a finales del siglo XVII cuando se dio un gran paso de la mano de Dom Piérre Pérignon de Hautvillers , padre del mercado del champagne. Éste descubrió, de cara a una mejor conservación del vino, las posibilidades de las botellas y los corchos.
 
Después se producirían otra serie de hallazgos. Curiosamente, fue por error por lo que se descubrieron los vinos dulces y bouquet, allá por el año 1775 en Rheingau (Alemania). Esto se debió a que se dejaron las uvas un poco más de tiempo en las parras y viñedos y éstas comenzaron a fermentarse aún sin ser cortadas. Así se daría con este tipo de vinos, a los que luego se le añadiría Brandy para dar por patentado el origen de los vinos Madeira, Jerez o el mítico Oporto portugués.

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